Soy un biólogo que se maravilla del proceso evolutivo que ocurre en la naturaleza y en el proceso de domesticación y crianza.
Desde que era estudiante en la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en la dédad de 1990, varios maestros me mostraron distintos aspectos del campo interdisciplinario llamado Biología Evolutiva. La evolución se convirtió en una pasión y su estudio un objetivo en mi vida. Hacia el final de la carrera, buscando hacia dónde dirigir mi tesis, me acerqué a un grupo de maestros que desarrollaban un campo de investigación muy interesante y especializado dentro de la evolución que es el origen de la vida. Así, en el Laboratorio de Origen de la Vida tuve la enorme fortuna de aprender bajo la guía de mi maestro el Dr. Antonio Lazcano, uno de los profesores más distinguidos de México. Asimismo, me precio de haber aprendido del Dr. Arturo Becerra quien además de haberme enseñado, junto con el M. en C. Erwin Silva, la base de ese campo de estudio dentro de la asignatura optativa Origen de la Vida, fue quien me invitó a formarme profesionalmente con ellos. El tiempo que pasé en ese laboratorio, además de permitirme forjar amistades duraderas, fue crucial en mi desarrollo intelectual. Del doctor Lazcano aprendí dos de las mayores enseñanzas que se le puede dar a un alumno: la experiencia y habilidad de teorizar sobre aspectos de la naturaleza y la confianza de poder discutir científicamente, en libertad y en tan altos estándares.
Ya en el nuevo siglo, el Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo se convirtió en mi hogar profesional. Aquí, conviviendo con la gestión académica de la Licenciatura en Biología, he profundizado a lo largo de los años en el aprendizaje autónomo de la teoría de la evolución de Darwin y de otros evolucionistas notables, como Lynn Margulis, Sewall Wrigth, Ernst Mayr, Theodosuis Dobzhansky y Stephen J. Gould, entre otros. Aquí también he enseñado la asignatura Evolución por casi 10 años y en todo este tiempo he visto una constante entre los alumnos de Biología novatos: todos consideraban que los fósiles eran la mayor prueba de la evolución. El paso por la asignatura los llevó invariablemente a reflexionar de manera importante sobre cuáles son las evidencia más tangibles, observables y reproducibles del proceso evolutivo y para cuando el curso termina, no cometen más ese error por inexperiencia. Ahora cuentan con una enorme bateria de aprendizajes y evidencias que les permite entender, discutir y mostrar a otros la realidad de este fenómeno natural.
Por lo anterior, decidí traer esta experiencia docente al terreno virtual, en donde muchas otras personas podrán darse la oportunidad de considerar seriamente las evidencias tangibles de la evolución y maravillarse con su ocurrencia.
Espero sinceramente que sea de su agrado.
Desde que era estudiante en la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en la dédad de 1990, varios maestros me mostraron distintos aspectos del campo interdisciplinario llamado Biología Evolutiva. La evolución se convirtió en una pasión y su estudio un objetivo en mi vida. Hacia el final de la carrera, buscando hacia dónde dirigir mi tesis, me acerqué a un grupo de maestros que desarrollaban un campo de investigación muy interesante y especializado dentro de la evolución que es el origen de la vida. Así, en el Laboratorio de Origen de la Vida tuve la enorme fortuna de aprender bajo la guía de mi maestro el Dr. Antonio Lazcano, uno de los profesores más distinguidos de México. Asimismo, me precio de haber aprendido del Dr. Arturo Becerra quien además de haberme enseñado, junto con el M. en C. Erwin Silva, la base de ese campo de estudio dentro de la asignatura optativa Origen de la Vida, fue quien me invitó a formarme profesionalmente con ellos. El tiempo que pasé en ese laboratorio, además de permitirme forjar amistades duraderas, fue crucial en mi desarrollo intelectual. Del doctor Lazcano aprendí dos de las mayores enseñanzas que se le puede dar a un alumno: la experiencia y habilidad de teorizar sobre aspectos de la naturaleza y la confianza de poder discutir científicamente, en libertad y en tan altos estándares.
Ya en el nuevo siglo, el Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo se convirtió en mi hogar profesional. Aquí, conviviendo con la gestión académica de la Licenciatura en Biología, he profundizado a lo largo de los años en el aprendizaje autónomo de la teoría de la evolución de Darwin y de otros evolucionistas notables, como Lynn Margulis, Sewall Wrigth, Ernst Mayr, Theodosuis Dobzhansky y Stephen J. Gould, entre otros. Aquí también he enseñado la asignatura Evolución por casi 10 años y en todo este tiempo he visto una constante entre los alumnos de Biología novatos: todos consideraban que los fósiles eran la mayor prueba de la evolución. El paso por la asignatura los llevó invariablemente a reflexionar de manera importante sobre cuáles son las evidencia más tangibles, observables y reproducibles del proceso evolutivo y para cuando el curso termina, no cometen más ese error por inexperiencia. Ahora cuentan con una enorme bateria de aprendizajes y evidencias que les permite entender, discutir y mostrar a otros la realidad de este fenómeno natural.
Por lo anterior, decidí traer esta experiencia docente al terreno virtual, en donde muchas otras personas podrán darse la oportunidad de considerar seriamente las evidencias tangibles de la evolución y maravillarse con su ocurrencia.
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